Por primera vez en su historia, China se toma muy en serio la cuestión medioambiental. El país, donde las personas han estado usando mascarillas incluso antes del brote de coronavirus, se está preparando para cambiar drásticamente su economía haciéndola verde.
China, como el país más densamente poblado, consume una gran cantidad de recursos energéticos. Esto significa que el nivel de sus emisiones de dióxido de carbono es mucho más alto en comparación con cualquier otro país del mundo. En la cima de la industrialización y el crecimiento de la producción, China hizo la vista gorda a sus problemas ambientales. Las autoridades del país finalmente han admitido que actuaron descuidadamente. Ya han entendido que el futuro de las próximas generaciones está íntimamente ligado al futuro del planeta Tierra. Según la nueva política, China aumentará significativamente el gasto en tecnologías verdes en los próximos cinco años. También acelerará la transición a fuentes de energía alternativas y mejorará el sistema de captura de carbono. Por último, el país ampliará los espacios verdes.
Curiosamente, China protege de cerca sus propios bosques y prefiere importar madera de Rusia. Aparte de eso, el país tiene la intención de aumentar significativamente el área de espacios verdes y humedales para reactivar los ecosistemas afectados. Anteriormente, China había plantado bosques monoespecíficos. Sin embargo, resultó que los bosques formados por especies de árboles individuales eran menos eficientes en la absorción de dióxido de carbono en comparación con los de múltiples especies. El nuevo enfoque permitirá que China sea aún más ecológica.