El real brasileño ha caído hacia 5.4 frente al dólar estadounidense, acercándose a los mínimos mensuales debido a una sensación global de aversión al riesgo y un pronóstico menos agresivo para las acciones del banco central de Brasil. El resurgimiento de amenazas de aranceles estadounidenses dirigidos a Europa ha intensificado la demanda global de activos seguros y líquidos, fortaleciendo así el dólar frente a las monedas de los mercados emergentes. A nivel nacional, Brasil ha experimentado un descenso en la inflación más rápido de lo esperado, con cifras recientes acercándose al rango objetivo del banco central. Este desarrollo ha llevado a los mercados a anticipar recortes más tempranos de la tasa Selic, disminuyendo el atractivo del carry trade brasileño y la motivación de los inversores extranjeros para mantener activos denominados en reales a los niveles existentes. También han contribuido a la aprensión los desarrollos políticos y regulatorios, como la propuesta del Ministro de Finanzas, Fernando Haddad, de extender la supervisión del banco central sobre los fondos de inversión. Esto ha generado preocupaciones entre algunos participantes del mercado sobre posibles restricciones a la independencia institucional, lo que ha debilitado aún más la confianza en la moneda.