Los precios del oro se mantuvieron alrededor de 5.170 dólares por onza, recortando las ganancias anteriores mientras los mercados equilibraban la intensificación del proteccionismo comercial de Estados Unidos y el aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio frente a la firmeza del dólar estadounidense. El oro recibió apoyo después de que la administración invocara la Sección 122 para imponer un arancel global del 10%, tras un fallo del Tribunal Supremo del 20 de febrero que invalidó los aranceles de emergencia anteriores. Este cambio de política reavivó las preocupaciones sobre la inflación y reforzó la demanda de activos refugio, especialmente después de que la Casa Blanca insinuara que la tasa arancelaria podría elevarse al 15%.
Sin embargo, el potencial alcista del oro siguió contenido, ya que las presiones de inflación subyacente persistieron: la inflación PCE de enero se mantuvo en un rígido 3%, y la Reserva Federal no dio señales de tener prisa por comenzar a recortar las tasas de interés. Por el lado de la oferta, las continuas compras de los bancos centrales siguieron proporcionando un respaldo estructural, con compras netas mensuales que promediaron 60 toneladas.
Los flujos hacia activos refugio también se vieron respaldados por el estancamiento de las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Ginebra, aunque el panorama se vio enturbiado por señales macroeconómicas mixtas, incluida un aumento de 212.000 en las solicitudes semanales de subsidio de desempleo en febrero de 2026.