El rendimiento del bono gubernamental a 10 años de Filipinas ha subido hasta alrededor del 6,61%, su nivel más alto desde junio de 2024, ya que el aumento de los precios del petróleo alimenta las preocupaciones sobre la inflación y reaviva las expectativas de una política monetaria más restrictiva. Los bonos denominados en pesos son especialmente vulnerables a las subidas del crudo, dado que el incremento de los costos de los combustibles se traslada rápidamente al transporte y a los alimentos en la economía del país, impulsada por el consumo. La inflación se aceleró hasta el 2,4% en febrero —su ritmo más rápido en más de un año—, mientras que el peso sigue cotizando cerca de mínimos históricos. El reciente repunte del petróleo ha llevado a los inversores a deshacerse de bonos locales, revirtiendo la demanda previa que se había visto respaldada por una amplia liquidez y valoraciones atractivas. Las autoridades han advertido que un precio del petróleo sostenido cerca de 100 dólares por barril podría situar la inflación por encima del rango objetivo del banco central, lo que probablemente desencadenaría una postura más agresiva y elevaría aún más los rendimientos. Al mismo tiempo, los mercados globales se mantienen inquietos en medio de señales mixtas y una creciente incertidumbre en torno a la guerra en Oriente Medio.