Los futuros de la gasolina en Estados Unidos subieron por encima de 3,30 dólares por galón, manteniéndose cerca de su nivel más alto desde finales de mayo, en medio de una creciente preocupación por el suministro mundial de combustibles refinados. La ruptura de la tregua entre Estados Unidos e Irán y la reanudación de los ataques a petroleros en el Estrecho de Ormuz han intensificado los temores a interrupciones en los envíos de combustible desde el Golfo Pérsico. Al mismo tiempo, la continuidad de los ataques ucranianos contra la infraestructura energética de Rusia está limitando las operaciones en las principales refinerías.
Las tendencias en el refinado han ajustado aún más la oferta de gasolina. Tanto las refinerías estadounidenses como las internacionales han recortado la producción de gasolina en favor de combustibles con mayores márgenes, como el diésel y el combustible para aviones, mientras que una sólida demanda externa ha impulsado las exportaciones de combustibles de Estados Unidos a niveles récord. Según datos de la EIA, las existencias de gasolina en Estados Unidos cayeron en 1,5 millones de barriles en la semana que terminó el 10 de julio, dejando los inventarios aproximadamente 14 millones de barriles por debajo de su promedio estacional de cinco años y en su nivel más bajo para esta época del año desde 2012. Reflejando esta escasez, el crack spread de la gasolina en Estados Unidos se ha ampliado hasta unos 59 dólares por barril, su nivel más alto desde junio de 2022.