El Banco Central Europeo mantuvo sin cambios sus tipos de interés oficiales en su reunión de julio, tras haberlos incrementado en 25 puntos básicos en junio —la primera subida de tipos en tres años— motivado por el aumento de los precios de la energía y unas presiones inflacionistas persistentes. Desde entonces, las autoridades han adoptado una postura cautelosa, basada en los datos y de espera vigilante, ya que la moderación de la inflación, el menor crecimiento salarial, la desaceleración de la actividad económica y unas expectativas de inflación más contenidas han reducido la urgencia de seguir endureciendo la política monetaria. Aunque los precios de la energía siguen siendo muy volátiles, el BCE señaló que las perspectivas son, en términos generales, coherentes con sus proyecciones de junio y se mantienen claramente por encima de los niveles anteriores al conflicto en Oriente Próximo. El Consejo de Gobierno también subrayó que la incertidumbre sigue siendo elevada y que el impacto inflacionario total del shock energético aún no se ha manifestado plenamente. Por ello, seguirá supervisando de cerca la magnitud y duración del shock, así como sus implicaciones más amplias para la inflación y para el conjunto de la economía.