La rentabilidad del bono soberano australiano a 10 años superó el 5,2%, su nivel más alto desde julio de 2011, mientras el fuerte encarecimiento del petróleo avivaba los temores de inflación y unos datos económicos mejores de lo previsto reforzaban las expectativas de una inminente subida de tipos de interés. La economía creció un 0,4% trimestral en el segundo trimestre, superando las previsiones del 0,3%, mientras que el crecimiento anual se aceleró hasta el 2,1%, frente a las expectativas del 1,8%. Estas cifras más sólidas indican que la actividad económica sigue siendo resiliente a pesar de los esfuerzos del Reserve Bank por enfriar la demanda y contener una inflación persistente.
Tras la publicación del PIB, los mercados elevaron la probabilidad implícita de una cuarta subida de tipos en la reunión de septiembre al 57%, desde el 48% anterior, mientras que una subida en noviembre ya está más que totalmente descontada. La probabilidad de un incremento adicional en el primer trimestre de 2027 también aumentó hasta el 82% desde el 62%. Al mismo tiempo, la escalada de las tensiones entre US e Irán y el consiguiente repunte de los precios del petróleo han reavivado los riesgos de inflación en las principales economías, impulsando al alza las rentabilidades de la deuda soberana a nivel global.